martes, 14 de julio de 2009

¿Quién dice que no existen los vampiros?

Te notas de día con una mirada tan dispersa e ida, tu alma conversa con todo aquello que no puedes ver y tú te acabas la vida, esperas a que la oscuridad camine por la ciudad y que el vicio esté al servicio de quien lo disponga. Esperas el momento en que el ruido y las luces te fundan con la masa, haciendo del caos tu casa y del delirio tu alimento, y el momento hace propicio el consumo de cualquier sustancia que te lleve al precipicio. Cuando todo acaba, (si es que en un momento acaba) tu cuerpo se lava con el eco del aire seco y con la adrenalina que emana del espirítu del fin de semana

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