lunes, 16 de noviembre de 2009

todo mundo lloramos, todo mundo googleamos

Desde hace unos días que estoy sumergido en una de mis peores depresiones, entiéndase rechazo amoroso, familia disfuncional, desidentificación de amistades, y un etcétera de males, pero lo que me pareció el colmo y lo que provocó que casi me tirara de un puente peatonal en el períferico, fue que mi PUTO!!! ipod(R) se trabara, no respondía el play, no respondía el hold, no se apagaba y no mostraba la mínima señal de mejora ni ante el infalible método "mexican power": un par de buenos putazos.

Primero creía que solito se iba a quitar o que no había pasado nada (negación), después me encabrone y culpe a un chingo de personas por mi desgracia (ira) después comencé a ver formas de venderlo o de cambiarlo por algo más (negociación) después me vino una tristeza de lo peor (depresión) y cuando estaba a punto de dejarlo ir para siempre, recurrí a quién muchas veces resulta ser mi salvador: mi tío.

No es que sepa todo, o que sea diestro en todos los oficios y artes, pero su edad(que tampoco es mucha) lo ha dotado de una sabiduría muy práctica que le resta importancia a la mayoría de los problemas, si se pudiera resumir su filosofía en una frase sería: "todo fuera como eso, no hay pedo". Tomó mi dispositivo multifunciones y repitió cada uno de los procedimientos que yo había intentado, hasta el mexican power, todo sin resultados positivos; fue entonces que pensé que ahora ni mi tío podía resolver este problema, nuevamente me iba a resignar, estaba en ello cuando mi tío prendió su computadora, abrió el explorador de inetrnet, se metió a google y en la barra de busquedas escribió: "como reparar ipod video", salieron no se cuantas miles de respuestas, abrió las primeras dos páginas y eran foros de gente que tenía el mismo problema que yo, y además brindaban opciones para solucionarlos, que por cierto sí funcionaron.

En ese momento me valió madres que mi ipod funcionara, porque me había dado cuenta de algo mucho más grande y más importante, cuando nos pasa algo que nos pone muy tristes o en aprietos no somos los únicos ni los primeros, muestra de ello es que cualquier cosa (la que se les ocurra, real claro) le ocurrió, le está ocurriendo o le ocurrirá a otra persona talvez a miles de kilometros, a la vuelta de la esquina o en China mientras duermes, es decir, nuestras experiencias por sí mismas no nos hacen únicos, lo que nos diferencia, es la forma de actuar ante ellas y capitalizarlas, no quiero caer en lugares comunes y semánticas gastadas de superación personal, pero la idea es esta:
"No estás solo en tu desgracia, muestra de ello... Google"
Tal cual lo dice R.E.M. en su canción "everybody hurts" , todo mundo lastima y todo mundo llora, pero aguanta, aguanta, aguanta... Podría citar un montón de frases y canciones que van de lo mismo pero creo que esa es suficiente para entender el punto, aguanten

martes, 14 de julio de 2009

Los siete pecados

Ante la incertidumbre de la existencia del otro, sólo queda el elogio a uno mismo

En la soledad buscar la felicidad por medio del placer carnal de los fantasmas

El deseo desmedido por las posesiones terrenas ante la imposibilidad de poseer a alguien

Poseer aquello que tienen lo que yo no, el afán interminable de complementarme

La insatisfacción corpórea, la insaciedad del alma, el hambre eterna

La fuerza del instinto que se expresa por el dolor a la soledad

La asimilación de la soledad y la quietud ante atroz vorágine y castigo

Así no se echa a perder

Me levanté del más frío sueño, el sudor parecía brotar a litros, las manos me temblaban como si un terremoto estremeciera mi ser. Yo era un perro y el miedo era mi dueño, entre tantas penas una era la que más me agoviaba, una sensación de vacío, mis entrañas imploraban algo, algo con que saciar aquella hambre atroz. La luna más brillante que cualquier otra noche de delirios homicidas alumbraba con una tenue luz el camino abismal de mi cuarto a la cocina. Abrí la nevera, moví unas latas, un par de frascos y algunas bolsas y de pronto vi algo que llenó de una vez esa necesidad irracional de alimentarme. Mi pecho encontró más calma de la que se puede hallar en cualquier tumba, era mi trofeo, tu regalo, la recompensa a todo el sufrimiento y el dolor, era tu corazón en mi refrigerador.

¿Quién dice que no existen los vampiros?

Te notas de día con una mirada tan dispersa e ida, tu alma conversa con todo aquello que no puedes ver y tú te acabas la vida, esperas a que la oscuridad camine por la ciudad y que el vicio esté al servicio de quien lo disponga. Esperas el momento en que el ruido y las luces te fundan con la masa, haciendo del caos tu casa y del delirio tu alimento, y el momento hace propicio el consumo de cualquier sustancia que te lleve al precipicio. Cuando todo acaba, (si es que en un momento acaba) tu cuerpo se lava con el eco del aire seco y con la adrenalina que emana del espirítu del fin de semana