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Por toda la eternidad
Hoy en la mañana la fui a buscar a su casa, fue alrededor del medio día que salió, vestía unos jeans y una playera gris, usaba el pelo suelto y lo traía algo húmedo, aún se le notaba el semblante triste, no me atreví a acercármele, pero de alguna manera esperaba que me notara, no fue así.
Fue sólo hace unos días que nos vimos y nos dijimos tantas cosas, nos prometimos amor de manera indefinida, nos dedicamos a mirar el cielo, las nubes y los árboles desde el césped en donde estábamos recostados, nos besamos y nos veíamos juntos por toda la eternidad.
Hoy es muy distinto, hoy no me busca, va a buscarlo a él, y de verdad lo comprendo, necesita a alguien que le levante el ánimo, que la escuche y le ofrezca un tipo de consuelo, a él lo conoció antes que a mí y fue hasta que entré en su vida que dejó de verlo, ahora la situación es al revés.
La seguí todo el camino sin acercarme mucho, la veía a la distancia caminar con la mirada hacia al suelo, al parecer ni viéndolo a él le regresa un poco la sonrisa al rostro, en gran medida lo está viendo otra vez por sugerencia de su madre, y siempre fue así, la opinión de la señora tenía gran influencia sobre ella.
Después de caminar varias calles llegó a donde se encontraba él, desde la esquina la vi entrar al edificio, me quedé en la calle pensando en todos los buenos momentos que vivimos juntos, dos y años de relación trae consigo una buena colección de recuerdos tanto buenos como malos, por ejemplo, recordé cuando fuimos de paseo a una playa y perdimos nuestro equipaje y terminamos nadando desnudos.
También vino a mi mente cuando en la boda de mi hermana por accidente manchamos su vestido con un poco de vino, esos fueron muy buenos momentos que no me hubiera gustado vivirlos con nadie más. Después de un rato de remembranzas no soporté más, la curiosidad me invadía y tenía que saber de qué hablaba con él, así que me dirigí a donde estaban y me quedé en la puerta para ver si podía escuchar algo.
Ella estaba hablando de mí, de lo mucho que me detestaba, que me odiaba de manera definitiva, él trataba de consolarla con muy pocas palabras, yo me ofusqué, me sentí triste, enojado, adolorido y entonces recordé todo lo malo de nuestra relación: la metiche de su madre, sus tediosos amigos, que siempre decía que no tenía nada cuando realmente estaba molesta, su indisposición por salir con mis amigos, o que siempre quisiera controlar mi vida.
Se la pasaba diciéndome: haz esto, haz lo otro… Tal vez por eso me detestaba, porque constantemente me proponía llevarle la contraria, debí de haberle hecho más caso, al final sólo buscaba mi bien, si hace unos día la hubiera obedecido ahora no tendría que verlo a él.
Caminábamos por la calle y alguien le dijo un piropo, me enojé y lo quise confrontar, ella me lo había advertido y me pidió que no hiciera nada, que el sujeto podría estar armado, y así fue… si le hubiera hecho caso, ella no tendría la necesidad de ver al psicoterapeuta de nuevo, ni yo de penar por su amor por toda la eternidad.
