sábado, 30 de abril de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
jueves, 7 de abril de 2011
el perro y su galaxia
Hoy realicé que la vida se me fue como si hubiera abierto una botella de refresco y todos hubieran tomado de ella menos yo, al punto de que quede vacía y yo no disfrute o ni siquiera probé nada de ella. En retrospectiva, como dice Led Zeppelin, nobody is fault but mine, nadie tiene la culpa sino yo, por mucho tiempo derive toda responsabilidad a una serie de factores contextuales, como la sobreprotección materna o la peligrosidad implícita de la ciudad. Pero al final todos tenemos opciones, diferentes posibilidades a una sola probabilidad.
Sin embargo a veces dudo de dicha sentencia; alguna vez escuche de algún filosofo griego que hizo teorías sobre el destino, como todos ellos creía que una fuerza inevitable destinaba las acciones y finales de cada uno de los individuos, es decir todo estaba determinado, ¿entonces dónde está la posibilidad de elección? Bueno, él señalaba y ejemplificaba con el caso siguiente: un perro es amarrado a una carreta, ésta esta en la parte superior de una pendiente muy inclinada, la carreta se empieza a ir pendiente abajo llevando consigo al perro, el perro sólo tiene dos opciones ante su inminente e inevitable destino:
1.- dejarse llevar por la carreta y morir tan rápido como ésta lo jale y lo lleve cuesta abajo
2.-resistirse y tratar de jalar de la carreta, prolongando su sufrimiento para de todas formas encontrarse con la muerte.
He ahí el tipo de opciones que tenemos, ahí está el maldito libre albedrío, somos arquitectos de nuestro destino con subsidio para el material otorgado por una instancia del gobierno de Felipe Calderón, de ahí que todos prefirieron construir galaxias en lugares inhóspitos del Estado de México.
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